La
industria turística es una de las industrias que más desarrollo
ha experimentado en los últimos años. Países o
lugares concretos con posibilidad de ofertar sus riquezas naturales,
históricas o culturales, han ido entrando en circuitos gobernados
por agencias, cadenas hoteleras, medios de transporte...Alrededor del
turismo se han creado nuevas profesiones y millones de puestos de trabajo.
El ocio se ha hecho negocio. La naturaleza, como entorno ideal para
romper con el ritmo de la gran ciudad, y en especial las zonas costeras,
sufren el impacto de una gran avalancha humana: miles de personas de
todas las edades son a veces incapaces de cambiar de hábitos
aunque cambien el paisaje urbano por las montañas o el mar.
Es
aquí donde empieza a diversificarse la oferta. Los que buscan
sol, playa y diversión saben donde ir. Los que quieren además
enriquecer su acervo cultural, visitar lugares históricos o conocer
otros pueblos, pueden hacerlo si pueden pagarlo. El cliente exige y
se informa cada vez más. Junto a ello, surge la preocupación,
todavía insuficiente, por un turismo sostenible. Una dura lucha
contra la especulación, el negocio o el ansia por ser de los
que al regresar, muestran las fotografías del exótico
lugar visitado o el bello color de la piel curtida al sol.
Las
vacaciones pueden ser eso o tal vez no. Hay otros modos de encontrarse
ociosamente con la vida, las personas y la naturaleza. Y para quienes
se atreven a intentarlo quizás se convierta en el mejor modo
de descansar, que de eso se trata.
Por
turismo sostenible se entiende aquel turismo consciente y responsable
que permite el desarrollo sostenible de la comunidad donde se desarrolla,
esto es, atiende a las necesidades del presente sin poner en peligro
la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer a las suyas
propias. Para conseguirlo, cualquier tipo de producto turístico
debe promover, al menos, los siguientes objetivos básicos:
-
Entender el significado de las contribuciones que el turismo hace a
la economía y al medio ambiente y concienciar a la población
al respecto.
- Mejorar la calidad de vida de la comunidad anfitriona.
- Promover el desarrollo del patrimonio cultural y natural.
- Proteger el medio ambiente para evitar su deterioro y destrucción.
- Lograr, y mantener, que no se afecte al medio natural y al equilibrio
biológico y cultural del destino.
Esta
definición tan genérica puede aplicarse en cualquier ámbito
turístico, y no necesariamente al llamado "turismo rural"
o "ecoturismo" exclusivamente.
Pero
es este segmento turístico el que en la actualidad, experimenta
un mayor crecimiento en el mundo de acuerdo a los informes de la Organización
Mundial del Turismo (OMT). Mientras que el llamado "turismo tradicional"
registra un crecimiento del 7,5% al año, el ecoturismo o turismo
rural registra un 20% de crecimiento, y supone ya un 5% del turismo
mundial. Para la próxima década, incluso, se espera que
alcance hasta el 10% del turismo mundial.
Todavía
son más espectaculares los datos cuantitativos anuales según
esta misma fuente: al año se producen más de 600 millones
de desplazamientos de al menos 1 noche de pernoctación fuera
de los países de origen, ya sea por ocio o por negocio, y más
de 2.000 millones dentro de cada país. Y casi la mitad, ocurren
en Europa, sobre todo en las regiones alpina y mediterránea.
Tampoco
podemos olvidar que el turismo en España es el primer sector
económico: en datos de la Secretaría General de Turismo,
del Ministerio de Economía, el sector turístico representa
más del 10% del PIB, supone unos ingresos en divisas más
de 4,5 billones de pesetas, ocupa cerca del 10% de la población,
representa más de 1.300.000 empleos directos e indirectos, y
un crecimiento anual del 10% (datos de 1.998).
Aunque
esos resultados son muy alentadores, y cada año, son más,
los empresarios que ofrecen productos de turismo ecológico, aún
existe una gran carencia institucional a la hora de evaluar las requisitos
indispensables que dichos servicios deben cumplir para ser ambientalmente
aceptables. Este vacío ha producido la proliferación de
una gran variedad de distintivos ambientales o de calidad en el sector
turístico (actualmente existen 48 ecoetiquetas públicas
y privadas a nivel europeo: en España, la Certificación
ISO 14.001, la Q Turística, el Distintivo de Garantía
de Calidad Ambiental, la Marca de Calidad Ambiental de Cataluña
),
que unido a exitosas campañas de marketing de otros productos
mal llamados ecológicos ha producido un gran desconcierto entre
el consumidor, que a la hora de la verdad, no sabe realmente la bondad
ecológica del producto que adquiere ni sabe donde informarse
convenientemente.
Con
motivo de la declaración el 15 de diciembre de 1998 (resolución
53/200), por la Asamblea General de la Organización de Naciones
Unidas (ONU) del año 2.002 como el Año Internacional del
Ecoturismo, se espera que se potencie la cooperación entre gobiernos,
organizaciones internacionales y regionales y ONGs para clarificar la
definición de ecoturismo, el etiquetado de productos turísticos
ecológicos, la integración del desarrollo sostenible en
la industria turística,
y poder unificar los variados criterios
de evaluación existentes en la actualidad en el sector. De este
modo, el consumidor sabrá sin ninguna duda qué tipo de
paquete turístico adquiere.
En
definitiva, todos nosotros podemos contribuir con la conservación
de nuestro entorno natural practicando un turismo que no dañe
a nuestro ecosistema, un turismo que se diferencie del típico
y tradicional turismo de "Sol y Playa", donde el consumismo
y la diversión a veces mal entendida no hacen más que
degradar sustancialmente el medio ambiente. Además, con un turismo
responsable, encontraremos una vía de entretenimiento más
sana, y eficaz para nuestro propio conocimiento, a través de
la prácticas de deportes alternativos y el estudio de la naturaleza.